Es una de las frases que siempre digo algo los papas, jugando siempre se aprende mejor y, quede dicho, es más divertido.

Natación no iba a ser menos. Y si, se puede aprender a nadar jugando. Es algo natural de los niños,  jugar. 

Donde trabajo habitualmente puedo ampliar mi metodología de trabajo: ludoqua.  Ludoqua viene de lúdico y agua. Es mi proyecto que con tanta ilusión cree, fue costoso pero al final todo tiene sus resultados.

Toda la técnica de natación necesaria para aprender a nadar esta enmascarada de un juego determinado,  y además adaptado al cada edad y nivel de natación. Si, es un curro, pero funciona super bien con los peques y las familias.

No te lo crees? pregunta por Paco….

Hoy quiero hablaros desde mi punto de vista, de mi experiencia.

He trabajado en varios sitios como profesor de natación y hay bastante disparidad. Por un lado he trabajado en sitios con ratios de 8 peques por grupo. Cuando son grupos de peques de más de 6 años ni tan mal, porque van todos con buena disciplina e incluso ayuda a hacer una clase dinámica.  Pero cuando son peques que empiezan, o tienen 3/4 años  o son peques que vienen con algún miedo  etc, tantos peques por grupo es inviable.

Por otro lado donde trabajo son grupos de máximo 2, cierto es que no son clases baratas, pero si haces la media sale igual. A Muchas familias les compensa porque son clases muy tranquilas, trabajas toda la clase, no los tienes que tener fuera del agua esperando su turno pasando frio. Se aprovecha el 100% de la clase en el agua. Da tiempo a resolver dudas, que los niños te cuenten su día a dia, quitas miedos…

Por otro lado hay un lazo más estrecho con las familias que eso se agradece mucho. A mi me gusta más trabajar así,  se trabaja con calidad. No cantidad pero eso ya depende de la filosofía de la empresa.

Yo solo se que trabajando en el agua con mi método  (ludoqua, aprender a nadar jugando) y con este ratio los peques aprenden antes, mejor y más contentos. No lo digo solo yo, lo dice las lista de espera que tenemos y eso que trabajo también los domingos….

En verano y antes del verano se ofrecen en muchos sitios cursillos intensivos de natación.  Pero, qué aprenden realmente en estos cursos?

Los peques van a aprender lo que son capaces de aprender. Me explico, cada peque tiene su evolución y no por meter más contenidos van a aprender más.  Aprenderá lo que por su desarrollo psicomotor sea capaz. Para ello es interesante saber qué son capaces de aprender para saber hasta donde llegar.

  • Grupos de bebes de 18 a 36 meses. Se trabajará la adaptación al medio acuático. Se pueden trabajar habilidades como: desplazamiento autónomo con material,  trabajo motor de extremidades, trabajo respiratorio, ejercicios sencillos grupales, pérdida de miedo al agua, inmersiones, comienzo al desplazamiento sin material, coordinación y ejercicios de propiocepción.
  • Grupos de 3 a 5 años. Se trabaja sobre todo la pérdida de miedo al agua, desplazamiento autónomo con material, inició al estilo crol sin material.  Juegos de coordinación y propiocepcion.
  • Grupos de 5 a 8 años. Normalmente son peques que ya nadan unos pocos metros. En estos cursos comenzamos a aprender la técnica correcta de natación con la respiración y coordinación.  También emperamos a practicar el estilo espalda.

Espero que os haya servido de ayuda 😉

¡Buenas tardes!

Hoy quiero hablaros sobre un tema que vengo rumiando…. es en cuanto a natación y los niños por grupo.

¿Cuántos niños por grupo creéis que es el óptimo para que aprendan a nadar bien?

Aquí hay un tema importante y predominante: money. Hay cursos que son bastante baratos pero a costa de poner 8 o 10 niños por grupo. Creo que, como en toda empresa, el dinero es importante, pero también me parece fundamental que los peques aprendan a nadar sin miedos, en confianza con su profesor, que sea algo divertido y motivador, sin pasar frío.

Es cierto que si son grupos de niños mayores en mi opinión se pueden poner bastantes por grupo porque ya saben desplazarse por el agua y prácticamente van solos y el profesor va dando instrucciones para mejorar la técnica y estilo.

Pero cuando se trata de niños de 3 a 5 años, creo que poner grupos de 8 o más es temerario y contraproducente para el buen desarrollo de las sesiones de natación. Lo suyo es que el dinero que invierten los papás se aproveche, y claro, con grupos tan numerosos al final hay que trabajar de 2 en dos y los demás niños al bordillo a esperar su turno. A mí personalmente ese sistema no me gusta. Prefiero tener grupos más reducidos y que los peques aprovechen toda la clase de principio a fin. Evidentemente serán clases algo más caras, pero no pasan frío y están todo el rato haciendo ejercicio en el agua, y además hay más conexión con el profesor, se puede hablar más, tratar miedos, inquietudes…..

¿Vosotros que opináis?

¡Ayuda! Qué le pongo a mi hijo en la piscina para bañarnos con seguridad

Ya llega el verano, ya llega la fruta…. Y ya llegan las dudas de las mamás y papás, tíos, tías, abuelos, amigos, conocidos, blogueros y un largo etcétera sobre un tema recurrente: LOS NIÑOS Y LA PISCINA

Y es que no es un tema para tomarlo a risa, es un tema serio por las graves consecuencias que puede llegar a acarrear. Y es que no os voy a hablar de estadísticas, porque está claro que al que le toca su estadística es el 100% y le va a importar un pepino la estadística general. Esto es así.

Como os decía, llegando esta temporada, yo como otros profesionales recibimos dudas sobre seguridad en piscinas, y sobre todo sobre cómo proteger a nuestros hijos para evitar un ahogamiento. Me preguntáis sobre todo qué es mejor, que si flotadores, que si manguitos, que si he leído por ahí que esto sí, que aquello no…

Una cosa tengo bien clara y me gustaría que os quedase clara también a vosotros: las mamás y papás sois quien mejor conocéis a vuestros hijos. Ocurre que gente de cierta fama escribe (como yo, pero no soy famoso) es sus blogs, redes sociales sobre productos. Eso está muy bien pero no debemos creerlos siempre a pies juntillas. Por eso voy a intentar tener cuidado y daros mi opinión sobre diferentes productos del mercado que os pueden ayudar a resolver vuestras dudas, pero nunca os diré lo que tenéis que hacer; esa es una decisión que sólo vosotros podéis tomar. Podéis tratarme como un asesor acuático 😉

Hay muchísimos productos en el mercado así que voy a hablaros de los más conocidos ( o eso creo yo ); cualquier duda, crítica constructiva o cualquier cosa que necesites puedes escribirme que estaré encantado (pakinen.sanchez@gmail.com).

Vamos al lío. ¿Qué es lo mejor? Lo mejor siempre es la PREVENCIÓN, suena a tópico pero después de más de 10 años en esto creedme que es así. Ya me he tirado varias veces a la piscina a salvar niños que “supuestamente” estaban seguros. Lo más seguro es que estén con vosotros. Tú conoces a tu hijo, tú sabes hasta qué punto le vas a permitir libertad. Si es un niño muy movido lo ideal es acotar una “zona de juego” de tal forma que en caso de accidente siempre esté a tu vista (ojo que los socorristas también se despistan!). Realmente todos estos elementos de flotación el peligro no viene por el material en sí, si no por creer que con ese material es suficiente y no hay que vigilarlos. El problema viene al ver niños muy pequeños con manguitos o flotador SÓLOS en la piscina. El problema no es el manguito, el problema es la falta de atención al menor en un medio divertido pero peligroso.

Después de saber que lo mejor es estar contigo vamos a diseccionar el tema aún más. ¿Estamos hablando de aprender a nadar o de disfrutar del agua en familia? Una cosa es el material que utilizamos los profes para enseñar a nadar y otra cosa son los ELEMENTOS DE FLOTACIÓN del mercado. También me preguntan sobre todo las mamás al acabar la natación en junio: “si le pongo manguitos en verano no irá para atrás?” Por supuesto que no, los niños tienen bien claro cuando están “en clase de natación” a cuando están con los papás en la piscina. Yo no uso manguitos en mis clases de natación pero eso no es óbice para que tú no los uses con tus hijos y te lo pases bomba. Yo con mi hija le pongo un cinturón de flotación y nos lo pasamos bomba (2 años).

Voy a explicaros desde mi punto de vista los beneficios de cada elemento de flotación / juego. También os animo a que cuando leáis un artículo, reviséis QUÉN LO ESCRIBE, y cotilleéis un poco sobre quién es, por qué escribe así, etc. Si de verdad os da confianza, adelante, pero no creáis lo primero que leáis, ni incluso a mí, os invito a cotillearme 😉 (Paco Sánchez Aguilar en Pamplona, trabajo en OnFitness)

  • Claleco flotador. Lo primero es saber si está homologado por la CE y cumple normativa EN. Tiene gran poder de flotación pero no es inmune a golpes de otros niños ni caídas en el suelo que puedan dejar inconsciente. Muy útil si tu hijo no se maneja muy bien en el agua o tiene inseguridad. Procura si ocurre esto bañarte con él en una zona tranquila con algún juguete y ve poco a poco. No le digas cosas como “venga tírate que con eso flotas”, “no seas miedica que con eso flotas!”. El miedo no es algo racional, dale su tiempo y verás cómo va todo como la seda. Ideal también si eres madre de dos y quieres jugar con ellos en el agua. Flotan, pero no les quites nunca el ojo de encima porque aunque lleven buenos cierres los niños ya sabemos que son grandes Houdinis. Por contra puede haber niños que requieran estar más sueltos y puede que les agobie. Tiene de bueno que deja libre las manos y no lleva excesivo aparataje en extremidades.
  • Manguitos. Está servida la controversia. Yo no recomendaría los típicos inflables de una cámara que puedes coger en tiendas que todos sabemos. Son fácilmente extraíbles con el riesgo que conlleva y se pinchan, además que las costuras hacen rozaduras. Si te decides por manguitos, procura comprar los del tamaño de tu hijo. Hay unos de la marca Delphin que no se pinchan y se pueden acoplar varios discos para flotar más o menos. No es muy útil para aprender a nadar pero sí que ayuda a que el niño se desenvuelva en el agua, empiece a tener autonomía, quitar el miedo… que son elementos clave a la hora de aprender a nadar. Además de manguito, se puede usar de disco flotador, frisbi, elemento de juego en el agua… sí, el precio puede parecer alto, pero el material de calidad es lo que tiene, que no vale 5 euros el pack. Para flotar, aprender a hacer burbujas, meter la cabeza, jugar, patalear, hacer ejercicios de propiocepción… sí, es útil y se puede trabajar con él bien. Eso sí, me repito, nunca lo pierdas de vista, un niño es un niño, lleve lo que lleve.
  • Swimtrainer o flotador entrenador. Diseñados según el fabricante para ofrecer una postura óptima para la práctica de la natación. Un poco aparatoso pero la verdad que tiene un buen cierre de seguridad que no está al alcance del peque, es buen elemento de flotación, ofrece practicidad a la hora de realizar juegos en el agua y tienen varios modelos en función del peso, lo cual permite una evolución. Se puede usar desde bebés. Os recomiendo este flotador pero también tenerlos en brazos cuando son muy peques, piel con piel también en la piscina; ofrecer la seguridad de los brazos, el calor.
  • Churros. Ideales sobre todo en natación porque es muy versátil y nos permite a los profes trabajar con seguridad con varios niños y además nos permite utilizarlo para la técnica de varios estilos de natación. Para las familias también es muy útil como elemento lúdico.

Entonces… ¿qué elijo?

Es muy sencillo, que tu hijo pruebe lo que más le guste, que disfrute del agua, olvídate de que aprenda a nadar. Todos los niños aprenden a nadar, pero sobre todo aprenden antes cuando vienen a clase felices, motivados, contentos. Elije lo que quieras sabiendo que no debes apartarte de su vista, que a veces es cansado estar tooooda la tarde con ellos en el agua, pero que ningún elemento te va a garantizar un 100% en el agua. También has de saber que los niños no gritan en el agua, se produce una MUERTE SILENCIOSA (su cerebro sólo puede pensar en respirar y no es capaz de pedir ayuda). Que elijes chaleco porque lo ves mejor, adelante, que manguitos, perfecto. Pero estate con él, juega disfruta, déjale experimentar. Si se quiere quitar el material, déjalo que lo haga delante de ti, si lo toma como un juego lo hará cuando no mires.

En definitiva, no existe la panacea, pero sí existen las familias responsables que eligen el material que creen mejor a sabiendas que puede ocurrir un imprevisto (igual que en casa, en el parque…) pero que si estás pendiente ese imprevisto sólo queda en susto.

 

¿Has tenido esa sensación que cuando algo te gusta no te cuesta hacerlo o te cuesta menos?

¿Por qué obligamos a los niños a aprender a nadar?

¿Es necesario aprender a nadar sí o sí?

 

Evidentemente aprender a nadar tiene múltiples beneficios, podríamos hablar de beneficios en el sistema inmune, sistema respiratorio, sistema circulatorio… y un largo etcétera.

Ahora que se acerca el verano, muchas familias apuntan a sus hijos a cursos intensivos de natación para aprender a nadar de cara al verano, para que sepan defenderse, “para que no se ahoguen”. Estamos de acuerdo que es mejor que un peque sepa defenderse en el entorno acuático, yo con mi hija vamos desde los 4 meses a la piscina, y en breve que voy a tener otro peque haremos lo mismo.

Lo que puede que no estemos de acuerdo es en la forma de conseguirlo, no hace falta obligar, ni enseñarles a nadar por las bravas.

Aprender a nadar es un proceso que todos los peques van a conseguirlo, la diferencia es “cómo pasan ese proceso”. Pueden pasarlo realmente mal si les obligamos por las malas, o pueden pasarlo bien si tenemos paciencia, empatía y mucho cariño. Todos los niños van a aprender a nadar, así que, mejor que este proceso lo pasen lo mejor posible, sea divertido.

¿Tu que opinas?

Y es que dicen que la natación es uno de los deportes más completos que existen, con bajo impacto, quema buena cantidad de calorías, se puede trabajar fuerza, resistencia….

Es un deporte que no tiene edad, lo practican niños, adultos, abuelitos/as, mamas, papas…

Pero es que todo esto va más allá. La natación o más bien la práctica en el agua es mucho más que un deporte, es terapia, es diversión, es rehabilitación, es juego, es familia. Ya desde bebés se puede empezar a practicar (no van a aprender a nadar, hablamos de estimulación acuática), después de niño continúa el aprendizaje.

¿Que estás tenso? Unos larguitos en la piscina y te dejarán como la seda. Te relajará, harás deporte, te sentirás bien contigo mismo.

Es diversión porque el agua es un medio super divertido, muy variado, nunca aburre. Deja el móvil o la tablet y dache un chapuzón en familia 😉

También no sirve para trabajar con personas con autismo, parálisis cerebral, dispacitados, y un sinfín de oportunidades.

¿Te animas?

Porque no se me ocurre otra forma de enseñar a nadar a los peques, porque siempre hay que mostrar cariño y respeto.

Jugar no tiene que ser exclusivo del parque o de casa, porque se puede enseñar a nadar jugando. 

Porque yo elegí esta profesión porque me gusta estar en el agua, me gusta el deporte y la docencia, porque cuando en pocos meses ya se ve el progreso de los peques me llena de alegría.

No todo es el dinero, ver que vienen felices a natación es para mi un orgullo como de tío, porque los respeto, les abrazo, les enseño como si fueran mis hijos.

Porque se lo merecen.

Muchas veces no nos ponemos en el lugar de los pequeños cuando vienen a clases de natación y esto hace que las clases no sean 100% satisfactorias

Trabajar la empatía no es fácil. Ocurre que a veces bien porque no creemos oportuno o porque no nos damos cuenta, no nos ponemos en el lugar del niño.

Lo que para nosotros es algo sencillo, nadar, hay niños que les resulta una actividad difícil, que les requiere esfuerzo, les genera angustia, incertidumbre.

Nunca deberemos decir “venga que no pasa nada”, “todos nadan y tú no”, “es que no te esfuerzas”, “no vales para esto”.

Si algo enseñan los ajos de experiencia es que todos aprenden a nadar, en más o menos tiempo, pero todos aprenden, y pueden aprender sin presiones ni angustias.

Solo hay que entender un poquito a los peques, y bajar el pistón y adecuarnos a su handicap.

El miedo al agua no se soluciona tirándolo de golpe, “así aprendí yo cuando era joven”. El miedo al agua se soluciona con cariño, respeto y paciencia.

Incluir juegos en las actividades es una gran opción, y dejar hacer participes a los peques en los juegos, dejarles elegir. No decirles que no pasa nada, sino que comprueben que no pasa nada que sientan seguridad.

Dudas? Con vuestras dudas construimos más post 😉

Una vez superada la etapa de familiarización, los niños ya poseen cierta autonomía y son capaces de moverse por el agua con ayuda de material.

En esta etapa vamos a potenciar esa autonomía para después meternos de lleno en el aprendizaje de los estilos de la natación. Tanto en la etapa de familiarización como en esta etapa de autonomía, realizaremos juegos y ejercicios para potenciar las habilidades de la natación y que a su vez nos van a introducir poco a poco en los estilos. Deberemos elegir cuidadosamente los juegos a realizar en función de los objetivos planteados.

Para conseguir autonomía en el agua, los niños deben dominar la flotación, la respiración y la propulsión, aunque sea de una forma básica o arcaica. Una vez los niños sean autónomos, tendrán seguridad en sí mismos y se sentirán a gusto en el agua; una vez llegados hasta aquí, ya podemos empezar con la siguiente fase.

El modelo lúdico se encuentra presente en casi todas las acciones diarias
y cotidianas de los niños y en algunas de los adultos, aunque
generalmente no nos damos cuenta de ello.

Los niños desde que se
despiertan por la mañana, están deseosos de jugar; toman el desayuno y
quieren jugar con las galletas, la leche, todo lo que les rodea. Después van
al colegio y allí continúan jugando y aprendiendo. Ya por la tarde después
del colegio los niños juegan en casa, en el parque… hasta que se van a
dormir. En definitiva: los niños están continuamente jugando y
aprendiendo, o quizás sería más correcto decir que continuamente están
aprendiendo mientras juegan.
El juego es fundamental en el desarrollo de los niños, como veremos más
adelante. El juego les ayuda a comprender el medio que les rodea. Si un
grupo de niños juega a un determinado juego en el que es necesaria la
adopción de roles, están mezclando elementos imaginativos no reales con
elementos reales. El medio en el que juegan es real aunque imaginen que
es otra cosa diferente, están descubriendo su entorno.
Los pequeños, toman elementos reales en sus juegos, toman situaciones
reales. Están descubriendo la realidad de las cosas, objetos, situaciones
cotidianas, roles, mediante el juego. En fundamental jugar para aprender,
conocer. Por ejemplo: jugar a mamás y papás, jugar a cocineros. Sin duda
en el juego existirán elementos imaginativos pero las situaciones son
reales, muchas veces cotidianas, que los niños están aprendiendo,
repitiendo interiorizando en su educación.
Por lo tanto, ¿por qué no utilizar éste modelo en natación?

Hoy quiero contaros la experiencia de ayer.

Cómo os decía por redes sociales, ayer empezó un peque nuevo en natación que venía rebotado de otro club. No voy a entrar en detalles, solo decir que ni quería ver la piscina ni hablar de ella.

Hasta con sus papás en su piscina estaba tenso.

Para mi era un reto, y la verdad que me emocionan los retos 😉

Cómo se solucionó en tan solo 1 clase? Magia de Paco. Hablar con el, preguntarle sobre lo que le angustiaba, escucharle. Después enseñarle la piscina y el material que tocaba esa sesión. Me metí con él en el agua y practicamos ejercicios de natación desde mi versión de natación registrada: aprender jugando.

Resultado: un éxito grandísimo!. Se lo pasó fenomenal y salió de natación diciéndole a su madre cuando volvía 😉 no hay nada más grande para mi, me siento fenomenal

Pues así trabajo, con mi propia metodología: aprender a nadar jugando.

Nos vemos en el agua?

En estos tiempos que nos están tocando vivir, estamos muy familiarizados ya con LA CRIANZA CON APEGO. Desde mi punto de vista como papá no concibo otro tipo de crianza, ¿por qué no voy a portear a mis hijos? ¿por qué no darles achuchones y cariños?

Criar con apego no es malcriar, como dice Carlos González, malcriar es criar mal, y dar besos, abrazos, portear y dar cariño a tus hijos no es malcriar. ¿A quién no le gusta que le mimen?

Desde mi punto de vista PROFESIONAL DE NATACIÓN, no concibo enseñar a nadar de otro forma más que con cariño, respeto y apego.

Me interesa que en mis grupos de 2 a 7 años los niños confíen en mi, pierdan el miedo al agua, y que mejor forma que con cariño, paciencia y respeto por su propia evolución; porque TODOS van a aprender a nadar.

Pero hay que entender que cada niño tiene su ritmo de aprendizaje, su evolución; si comprendemos esto nuestras clases de natación serán muy divertidas y sin contratiempos. No veo nada de malo es coger en brazos a niños de 2 años en el agua, de darles un abrazo, ofrecerles juego, confianza.

Pero no os penséis que mis clases son un cachondeo; claro que hay normas y la mayoría de las veces trabajamos y mucho en el agua. Pero es que tener respeto, dar abrazos y ser cariñoso con ellos no es contrario a trabajar en el agua. Y es que la realidad es que así aprenden mucho más rápido, y SIENDO FELICES, y disfrutando del agua.

Así es como trabajo yo y de momento me está yendo muy bien 😉

Que los niños aprendan habilidades acuáticas es fenomenal, estaremos de acuerdo en que todos los niños deberían de aprender a nadar.

Es sano, es saludable, es seguro y es muy divertido. La natación debería ser un deporte divertido, ya que el agua aporta gran diversión y mucha variedad.

Pero aún me encuentro con pequeñas historias que me duelen como la que os pongo a continuación sin nombres:

 

Soy la madre de —-   de 6 años que en febrero empezó un curso de natación en una piscina municipal. 

Nunca ha sido demasiado atrevido ni valiente para estas cosas, sin embargo ha seguido acudiendo a clase; lo que veo en este momento es que tiene mucho miedo a meter la cabeza debajo del agua y la solución de la monitora ha sido empujarle y obligarle.

 La consecuencia, que no quiere meterse al agua, con lo cual se tira toda la clase sentado en un banco; y después cuando los 10 últimos minutos les dejan ir a jugar a la piscina pequeña, se queda castigado por no haber querido nadar antes. 

Esto fue el miércoles pasado y la verdad no me parece que sea el método ideal para que un crío de esa edad pierda el miedo y coja confianza en el agua. 

Hemos probado a llevarle con nosotros y vemos que se queda rígido, no se relaja, y lo único que le preocupa es que “no le metamos la cabeza dentro del agua”.

Ahora va a empezar natación conmigo, ¡acepto el reto!

Y por favor, vamos a ofrecer una natación respetuosa, cada niño/a tiene su ritmo de evolución…. tan sólo un poquito de paciencia 😉

 

Como algunos ya sabéis, tengo mi propia plataforma de formación virtual, en la cual enseño mi metodología de natación de bebés e infantil.

Soy un apasionado de la enseñanza de la natación y la formación.

El otro día un alumno de México me hizo la siguiente pregunta: “tengo un alumno con sindrome de down y quisiera saber cómo trabajar con él en el agua”. En este post vengo a escribir rápidamente su pregunta, y de paso, que vosotros también podáis aprender.

La respuesta es bien sencilla: se enseña natación igual que los demás grupos de natación. La natación de personas con síndrome de down no entraña ninguna dificultad añadida. Cada niño tiene sus cosicas. Sería un caso diferente por ejemplo con el tema del autismo o la parálisis cerebral, que sí requiere de otra organización en las sesiones de natación.

Los niños con Síndorme de Down no dejan de ser niños y como tales:

  • Hay niños más movidos y otros más tranquilos
  • Cada niño tiene sus capacidades, unos son más ágiles, a otros les cuesta coordinar más
  • Todos son capaces de aprender a nadar, unos antes que otros, pero todos PUEDEN CONSEGUIRLO.
  • Unos niños son más habladores que otros

Lo suyo es ir viendo la evolución de cada niño y si en un futuro surgen problemas, solucionarlos según la marcha.

En definitiva, TODOS LOS NIÑOS PUEDEN CONSEGUIRLO, ¿la clave? LA MOTIVACIÓN y las ganas de aprender y jugar.

El mundo está lleno de estereotipos, que si gordito, que si flaco, que si alto, bajo…. También hay una cierta creencia que si un niño tiene miedo al agua es por falta de valentía pero si se tira al agua como loco solo está muy bien y nos sentimos orgullosos.

Y es que muchas veces tendemos a la comparaciones: “mi hijo es ver el agua y se tira como loco”, “el mío con 15 meses ya saltaba solo al agua y flotaba”.

Para desarrollar este sencillo post voy a partir de tres premisas:

  1. Cada niño tiene su propia evolución
  2. Todos son capaces de conseguir lo que se propongan (potencial)
  3. Mejor prevenir que lamentar

Hablando de la primera, es cierto, cada niño sigue su propia evolución, al igual que los adultos, todos no aprendemos al mismo ritmo ni tenemos los mismos intereses. Es importante conocer la evolución del niño y saber adaptarnos. No hace falta ser mago ni usar técnicas super pioneras, basta con tener un poco de paciencia, y prestar apoyo y cariño.

Enlazado con el tema anterior, cada niño es capaz de conseguir lo que se proponga (quitar el miedo al agua y aprender a nadar, aprender matemáticas….), sólo es necesario saber explotar ese potencial. Nunca podemos decir a un niño “no puedes conseguirlo”. Es cierto que habrá cosas que no será tan hábil, pero tenemos que ayudarle a intentarlo y prestarle nuestro apoyo.

Y el tercer punto que todos conocemos, que mejor prevenir que lamentar. Si tenemos un niño muy intrépido hay técnicas para enseñarle a no tirarse al agua sólo, que aprenda a medir sus energías en el agua y también podemos enseñarle a ser consciente del problema real que puede ocurrir en el agua.

Os espero en el agua!

Me gusta siempre hablar de cómo se hacen las cosas, de consejos para mejorar la técnica en un deporte, consejos para perder el miedo al agua….etc.

A veces para aprender a hacer las cosas de forma de correcta, es necesario saber cómo no se deben hacer, qué cosas debemos evitar.

Cuando doy una clase de natación, hay veces que enseño cómo hacer la técnica de forma incorrecta para que el alumno identifique y pruebe cómo no se debe hacer, y, a continuación le hago ver cómo se hace de forma correcta y detecta la gran diferencia y comodidad que supone hacerlo bien.

He aquí consejos para NO aprender a nadar:

  • Ser un profesor autoritario
  • Ser frío y distante con los alumnos
  • Ofrecer una clase sin estructura
  • No jugar bajo ningún concepto
  • Ofrecer una técnica pura y dura
  • Si tiene miedo al agua forzarle
  • Obligar a realizar ejercicios aunque el alumno se oponga
  • Nunca ofrecer ejercicios colectivos
  • Ser individualista en el agua
  • No fijar objetivos a corto/medio/largo plazo
  • No tener comunicación con la familia

¿Qué os ha parecido?

Aunque os parezca increíble, los niños también pueden aprender a nadar con estos consejos, pero es probable que no sean felices.

Para mi gusto, el aprendizaje es un proceso en el cual el niño debe ser partícipe y DISFRUTAR DE LA ACTIVIDAD, tener actitud y estar MOTIVADO.

Espero que os  haya servido 😉

Bien, esta es una pregunta que me suelen hacer a menudo, ¿a qué edad puede mi hijo/a a aprender a nadar?

Antes de nada, me gustaría puntualizar que no hay una edad concreta, tampoco un momento exacto en el cual el niño no nada y de repente sí nada. Aprender a nadar es un proceso que dependiendo del niño y del profesorado es diferente.

Otra cosa es conocer la evolución normal de un niño, o también podemos llamarlo hitos del desarrollo.

Voy a desarrollar el proceso de aprendizaje de la natación en 3 fases para que os pueda quedar más claro:

  1. En una primera fase podemos hablar de adaptación al medio acuático. Normalmente se suele dar con 2-3 años de edad. Los niños a esta vez ya están desarrollados motormente y pueden realizar un montón de cosas tanto fuera del agua como dentro. Hay que tener en cuenta que todavía no son capaces de coordinar con exactitud con lo cual no podrán nadar, pero sí que podemos conseguir desplazamiento en el agua. A veces ocurre que, por lo que sea, se apuntan niños a nadar con 5 años o más pero nunca han hecho natación. Igualmente deberemos hacer una adaptación al medio siendo consciente que están desarrollados motormente y pueden coordinar perfectamente, lo cual hará que su proceso sea más rápido.
  2. En una segunda fase superada la adaptación, procedemos a introducir posición en el agua, orientación, recursos y técnica. Ocurre como antes, dependiendo de la edad de los peques, deberemos ser conscientes hasta dónde podemos llegar con ellos. Desde mi punto de vista me gusta mucho incidir en el tema postural y sobretodo que los peques se encuentren agusto, se rían conmigo en el agua. Estar tranquilo y relajado es fundamental para un buen proceso de aprendizaje.
  3. Y ya en la tercera fase que el niño sabe desplazarse, está agusto y sabe flotar en varias posiciones, podemos empezar a incidir con más intensidad en la técnica propiamente dicha de los estilos de natación en el siguiente orden: crol, espalda, braza, mariposa.

En resumen, desde mi punto de vista, debemos conocer las 3 fases del aprendizaje y saber conectarlas con la fase de evolución o crecimiento del niño para que vayan parejo, no por tener más edad va a ser peor aprender ni por se más joven va a resultar más fácil. Aquí tenemos mucho papel los profesores, que debemos empatizar, tener paciencia, saber estar, saber escuchar y enseñar lo mejor que podemos.

Y perdonarme la expresión, pero después de pensar mucho un título adecuado a esta entrada no se me ocurría nada mejor….que expresase lo que veo mes sí, mes también.

No es que me considere un “friki-padre” de la crianza ni de la enseñanza en la natación, pero sí me considero un gran profesional, y no porque lo diga yo eh… 😉

A lo que voy, mi filosofía en cuanto a la crianza en mi casa es la misma que cuando trabajo con niños: llorar no es parte del proceso. No considero que un bebé o un niño tenga que llorar innecesariamente para aprender; creo que es más fácil buscar una solución que motive, estimule.

Por ejemplo, cuando viene donde trabajo un niño/a con miedo al agua, no le quito el miedo lanzándolo a la piscina acompañado de un “tienes que aprender”. Es mejor para todos ir con mucha paciencia, dando seguridad a los peques y a sus familias (que en el fondo me están dejando lo más bonito de su casa).

También oigo por ahí en clases de estimulación acuática para bebés la siguiente frase: “aunque llore hay que hacer la inmersión porque hoy toca”. Pues señores míos, conmigo eso no va a pasar. No veo necesario que llore, no tengo las clases “tan estructuradas”.

Por supuesto que tengo una programación de mis clases, pero también soy un profesional abierto y cada sesión me adapto a las necesidades de los más peques.

¿Mi truco para que los peques aprendan a nadar?: Formación, experiencia y mucho cariño.