Muchas veces no nos ponemos en el lugar de los pequeños cuando vienen a clases de natación y esto hace que las clases no sean 100% satisfactorias

Trabajar la empatía no es fácil. Ocurre que a veces bien porque no creemos oportuno o porque no nos damos cuenta, no nos ponemos en el lugar del niño.

Lo que para nosotros es algo sencillo, nadar, hay niños que les resulta una actividad difícil, que les requiere esfuerzo, les genera angustia, incertidumbre.

Nunca deberemos decir “venga que no pasa nada”, “todos nadan y tú no”, “es que no te esfuerzas”, “no vales para esto”.

Si algo enseñan los ajos de experiencia es que todos aprenden a nadar, en más o menos tiempo, pero todos aprenden, y pueden aprender sin presiones ni angustias.

Solo hay que entender un poquito a los peques, y bajar el pistón y adecuarnos a su handicap.

El miedo al agua no se soluciona tirándolo de golpe, “así aprendí yo cuando era joven”. El miedo al agua se soluciona con cariño, respeto y paciencia.

Incluir juegos en las actividades es una gran opción, y dejar hacer participes a los peques en los juegos, dejarles elegir. No decirles que no pasa nada, sino que comprueben que no pasa nada que sientan seguridad.

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