Que los niños aprendan habilidades acuáticas es fenomenal, estaremos de acuerdo en que todos los niños deberían de aprender a nadar.

Es sano, es saludable, es seguro y es muy divertido. La natación debería ser un deporte divertido, ya que el agua aporta gran diversión y mucha variedad.

Pero aún me encuentro con pequeñas historias que me duelen como la que os pongo a continuación sin nombres:

 

Soy la madre de —-   de 6 años que en febrero empezó un curso de natación en una piscina municipal. 

Nunca ha sido demasiado atrevido ni valiente para estas cosas, sin embargo ha seguido acudiendo a clase; lo que veo en este momento es que tiene mucho miedo a meter la cabeza debajo del agua y la solución de la monitora ha sido empujarle y obligarle.

 La consecuencia, que no quiere meterse al agua, con lo cual se tira toda la clase sentado en un banco; y después cuando los 10 últimos minutos les dejan ir a jugar a la piscina pequeña, se queda castigado por no haber querido nadar antes. 

Esto fue el miércoles pasado y la verdad no me parece que sea el método ideal para que un crío de esa edad pierda el miedo y coja confianza en el agua. 

Hemos probado a llevarle con nosotros y vemos que se queda rígido, no se relaja, y lo único que le preocupa es que “no le metamos la cabeza dentro del agua”.

Ahora va a empezar natación conmigo, ¡acepto el reto!

Y por favor, vamos a ofrecer una natación respetuosa, cada niño/a tiene su ritmo de evolución…. tan sólo un poquito de paciencia 😉

 

Deja un comentario

Post Navigation