El mundo está lleno de estereotipos, que si gordito, que si flaco, que si alto, bajo…. También hay una cierta creencia que si un niño tiene miedo al agua es por falta de valentía pero si se tira al agua como loco solo está muy bien y nos sentimos orgullosos.

Y es que muchas veces tendemos a la comparaciones: “mi hijo es ver el agua y se tira como loco”, “el mío con 15 meses ya saltaba solo al agua y flotaba”.

Para desarrollar este sencillo post voy a partir de tres premisas:

  1. Cada niño tiene su propia evolución
  2. Todos son capaces de conseguir lo que se propongan (potencial)
  3. Mejor prevenir que lamentar

Hablando de la primera, es cierto, cada niño sigue su propia evolución, al igual que los adultos, todos no aprendemos al mismo ritmo ni tenemos los mismos intereses. Es importante conocer la evolución del niño y saber adaptarnos. No hace falta ser mago ni usar técnicas super pioneras, basta con tener un poco de paciencia, y prestar apoyo y cariño.

Enlazado con el tema anterior, cada niño es capaz de conseguir lo que se proponga (quitar el miedo al agua y aprender a nadar, aprender matemáticas….), sólo es necesario saber explotar ese potencial. Nunca podemos decir a un niño “no puedes conseguirlo”. Es cierto que habrá cosas que no será tan hábil, pero tenemos que ayudarle a intentarlo y prestarle nuestro apoyo.

Y el tercer punto que todos conocemos, que mejor prevenir que lamentar. Si tenemos un niño muy intrépido hay técnicas para enseñarle a no tirarse al agua sólo, que aprenda a medir sus energías en el agua y también podemos enseñarle a ser consciente del problema real que puede ocurrir en el agua.

Os espero en el agua!

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